segunda-feira, 31 de março de 2008

SELECCION DE LECTURAS DE MATERIALISMO HISTORICO 1976 CUBA



SELECCION DE LECTURAS DE MATERIALISMO HISTORICO
IMPRESORA UNIVERSITARIA
“ANDRE VOISIN”
1976
“AÑO DEL XX ANIVERSARIO DEL GRANMA”



Esta selección de textos para el estudio del Materialismo Histórico sólo persigue el objetivo de brindar un conjunto de materiales accesorios para los alumnos. Aun cuando este no solucione realmente el problema de la bibliografía básica adecuada al programa que actualmente se imparte, será una ayuda para el estudio hasta tanto se editen textos que presenten los principios fundamentales del Materialismo Histórico sistemática y pedagógicamente ordenados.
Departamento para la Enseñanza del Marxismo-Leninismo.

PECULIARIDADES Y DIFICULTADES DEL CONOCIMIENTO DE LA SOCIEDAD

El hombre además de vivir y moverse dentro de la sociedad, entra en el conocimiento con ella del mismo modo que con la naturaleza circundante. Conocer la sociedad no sólo significa advertir el ambiente social por vía de los sentidos, sino investigarla toda. La sociedad humana es una formación compleja, nace de la interacción de los hombres y la naturaleza, de los unos y de los otros. La actividad y la relación del hombre constituyen la realidad social de la que se parte para conocer la sociedad.
La sociedad se desarrolla en el espacio, pues ya en los tiempos prehistóricos el hombre poblaba la tierra y formaba grupos más o menos aislados – tribus y gens – que en su devolución han devenidos pueblos y constituidos los Estados. La sociedad existe también en el tiempo y tiene su historia de las distintas comunidades y sus interrelaciones componen la historia de la humanidad o, dicho de otra forma, de la sociedad. El conocimiento de ésta es el conocimiento de la historia humana en sus diversas formas.
Sólo por la ciencia se puede dominar la esencia de la actividad y las relaciones del hombre a escala de toda la sociedad, conocer su historia. La noción científica de la sociedad, como toda noción, comienza por los hechos y los acontecimientos descritos. Sin embargo, los hechos sólo son materia prima que emplea la ciencia, pero no son lo mismo que esta última. Esta comienza allí donde hay generalizaciones, donde se revelan leyes y surge una teoría que ofrece una explicación correcta de los hechos. Aplicado al conocimiento de la sociedad, esto significa que, al explicar las actividades y relaciones de los hombres, la teoría debe mostrar por qué estos hacen la historia precisamente de una manera y no de otra. Ahora bien, ¿es eso posible? El hombre puede elegir diversos modos de proceder. A veces, él mismo no sabe explicar por qué ha procedido precisamente así y no de otro modo. ¿Cómo discernir, pues, sus actos, y más tratándose de millones de seres humanos? La explicación científica de la actividad de los hombres en la historia es, en efecto, una tarea teórica excepcionalmente difícil. Y además, ¿Puede hacerse? Ciertos filosofos, por ejemplo, los neokantianos, responden negativamente a esta pregunta, consideran que la ciencia puede sólo explicar los fenómenos y los procesos de la naturaleza, mientras que el proceso histórico, la actividad del hombre en la sociedad, no tienen explicación científica. “Las ciencias naturales y las históricas – escribe por ejemplo, el neokantiano H.Rickert – deben hallarse siempre en oposición lógica por principio”. Esta no es una observación fortuita, sino una posición determinada. H. Rickert, W. Windelband y otros representantes de la escuela de Baden deslindaban y oponían, unas a las otras, las ciencias naturales y las sociales, por la razón de que según ellos, en la sociedad, a diferencia de la naturaleza, todos los fenómenos son singulares y únicos, por lo cual, las ciencias de la naturaleza pueden usar el método de la generalización, mientras que las ciencias históricas, sólo el método de la singularización. Las primeras tratan las leyes de la naturaleza, las conexiones causales que les son inherentes (por eso se chaman nomotéticas, es decir, generadoras de leyes), explican y prevén la marcha de los procesos naturales, mientras que las segundas deben limitarse a los acontecimientos aislados y únicos de la historia concreta. Los neokantianos calificaban de ideográficas (descriptivas) las ciencias sociales. Este punto de vista sigue hasta hoy influyendo en dichas, ciencias. Incluso en nuestros días, muchos miran con escepticismo las posibilidades del conocimiento social. En oposición a éstos, hay otros que se muestran asombrados y molestos por semejante actitud ante las ciencias sociales, por la incredulidad acerca de sus capacidades cognoscitivas y poder de penetración. Pero no se trata de emociones. Hay que ahondar en su esencia. En efecto, ¿acaso es justa la contraposición neokantiana de la sociedad a la naturaleza, y del conocimiento social a las ciencias naturales? Diríase que, por cuanto la sociedad se distingue efectivamente de la naturaleza, la posición de los neokantianos posee cierto fundamento, tanto más por cuanto reaccionan ante la simple parificación de lo natural y lo social. Sin embargo no se puede olvidar que, en la ciencia no basta, ni mucho menos, apelar a la percepción directa, en este caso a la desemejanza visual de la sociedad y la naturaleza. Incluso la afirmación , ahora evidente para todos, de que la Tierra es redonda, ha tropezados en tiempos con mucha barreras, ya que contradecía la percepción directa. Por tanto, hasta la evidente diferencia que hay entre la sociedad y la naturaleza no puede reconocerse como argumento convincente del criterio neokantiano. Asi comenzaremos por poner en claro el problema de en qué consisten las peculiaridades del conocimiento de la sociedad y con qué dificultades específicas se tropieza para ello. En el curso de la exposición de nuestro tema veremos lo hecho por la ciencia para superarlas.
Si resumiéramos las peculiaridades de la vida social, a diferencia de la naturaleza, y las dificultades de condicionamiento de la sociedad que se desprende de ello, se reducirían a lo siguiente:
Primero, en la naturaleza todo lo que ocurre obedece a causas naturales. Todo es producto de la interacción de las fuerzas ciegas de la naturaleza. Un rayo fulmina un árbol, el viento propaga la llama, el bosque se reduce a cenizas, éstas, a su vez, abonan el suelo…y así sucesivamente. Entra en acción toda una cadena de conexiones y dependencias naturales que pueden ser observadas, analizadas y explicadas por la ciencia. Aquí no existen objetivos fijados de antemano no propósitos deliberados.
Muy otra cosa es la sociedad humana. Todo lo que ocurre en ella es resultado de la actividad de los hombres, de su interacción. Pero los hombres son seres conscientes, y todo lo que hace cada uno pasa, de una manera u otra, pasa por su cabeza. Los hombres actúan movidos por pasiones, reflexiones o, en el peor de los casos, por caprichos. Y sí fuese así, parecería imposible analizar la sociedad apelando a las ciencias naturales, igual que éstas hacen con la naturaleza. En realidad, no se puede tomar en cuenta todas las opiniones y teorías, todos los deseos y aspiraciones, todas las pasiones y caprichos, todo lo que mueve a los hombres a actuar de una u otra forma y condiciona determinados efectos sociales. “En las violentas convulsiones que conmueven, a veces, las sociedades políticas – escribía el famoso pensador francés Holbach – y que ocasionan el hundimiento de uno u otro imperio, no hay una sola acción, una sola palabra, un solo pensamiento, una sola voluntad, una sola pasión de quienes toman parte en la revolución, ya sea como elementos activos, ya como victima de la misma…que no produzcan infaliblemente los efectos debidos en consonancia con el lugar que ocupan en ese torbellino moral. Esto parecería evidente para toda inteligencia capaz de abarcar y de comprender todas esas acciones y reacciones de los espíritus y de los cuerpos de quienes coadyuvan a esta revolución. No hay duda de que Holbach se equivoca. Incluso en lo que respeta a la interacción de partículas de materia, los físicos no pueden prever, con absoluta exactitud, todo los efectos, por cuanto en dicha interacción no sólo concurre la necesidad, sino también el azar. Aplicada a la sociedad humana, la solución de tal problema resulta imposible tanto práctica como teóricamente, no sólo porque en la sociedad, al igual que en la naturaleza, actúe el azar y en cualquier proceso social existe, actúe y se entrelace una gran diversidad de conexiones, relaciones, interacciones y factores, sino también porque intervienen la conciencia, la voluntad, las pasiones, etc. Todo esto presenta especiales exigencias al proceso de conocimiento de la sociedad. Al tratar de conocer los fenómenos sociales “es preciso tener siempre en cuenta que tanto en la realidad como en el pensamiento existe el sujeto dado”. En eso reside la peculiaridad, y la dificultad específica de las ciencias sociales, cuya superación sólo es posible si se resuelve el problema de la correlación entre lo objetivo y lo subjetivo.
Segundo, en la naturaleza se observa por doquier la repetición. Cada día, el sol se levanta en el Este y cada primavera reverdecen los árboles; todos los cuerpos se dilatan en el calor y cada ser nace, vive y perece. Y no es difícil observar la repetición en los procesos y fenómenos naturales, aunque la repetición no sea absoluta, idéntica en todos los detalles. Al investigarse la repetición de los fenómenos en la naturaleza, bien sean naturales o en el laboratorio, los hombres de ciencia logran, a la corta o a la larga, descubrir las leyes a que dichos fenómenos obedecen. Y a la ley es, precisamente, lo común, lo requerido, lo esencial y lo estable que se repite en los fenómenos.
Muy otra cosa ocurre en la sociedad humana. Los procesos concretos y los acontecimientos históricos revisten aquí un carácter muy individual y jamás se repiten en parte alguna. Cualquier acontecimiento histórico, y sean las guerras greco-persas o las campañas de Alejandro Magno, ya la Gran Revolución Burguesa de Francia o la Gran Revolución Socialista de Octubre, la segunda guerra mundial o la desintegración del sistema colonial del imperialismo, es siempre único en su género y no tiene repetición absoluta. De ahí podría desprenderse la conclusión de que no existen leyes que rijan el desarrollo de la sociedad, de que no se la puede enfocar desde un criterio científico general de la repetición y de que, por tanto, no puede haber ciencia de la sociedad. El hombre nace, estudia, trabaja, forma un hogar, cría hijos, se comunica con sus amigos, se plantea determinados objetivos, y así sucesivamente. Todo ello muestra que, pese a la colosal diversidad de las condiciones de vida, de costumbres, de peculiaridades de la historia concreta de unas u otras zonas, regiones, países, pueblos y Estados, el estudio detallado de la vida de la sociedad permite indiscutiblemente advertir mucho más elementos comunes que se repiten que lo que podría parecer a primera vista. Por consiguiente, las perspectivas de la ciencia social, no son tan tristes y pesimistas. El quid de la cuestión reside en la correlación entre lo común y lo singular aplicado a la historia.
Prosigamos. La evolución de los sistemas estelares y el movimiento en el micromundo, los procesos geológicos y el desarrollo del reino vegetal y del reino animal, es decir, todas las formas de movimiento y de desarrollo en la naturaleza, poseen estados relativamente estables, susceptibles de ser delimitados, comparados y medidos.
Muy distinto ocurre en la sociedad. ¿Cómo hay que analizarla? Unos dicen que la historia de la sociedad es un torrente ininterrumpido. Miles de millones de seres humanos viven y actúan, administran la economía y educan la nueva generación, construyen ciudades y ponen en cultivos nuevas tierras, estudian y practican el deporte, mantienen relaciones de amistad los unos con los otros o se pelean y luchan, y de todas estas acciones y actitudes forman la continua historia del genero humano. La muerte y el nacimiento renuevan constantemente el mar humano, en el que todo se halla en constante proceso de cambio y, diríase, no se puede detener para analizarlo aunque sea en términos generales. Otros, al contrario afirman que no es continua la evolución en la historia. Cada persona esta ligada a una cultura, la cual forma su modo de pensar y actuar y no cambia a lo largo de siglos, y no tiene sentido compararlas y trazar una línea única de evolución. Se atienen a estas concepciones ciertos etnólogos adeptos de la llamada “antropología cultural” que se dedican al estudio de la vida y la cultura, efectivamente muy estables, de los pueblos primitivos…

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